jueves, 16 de diciembre de 2010

EDUCACIÓN PERUANA: EL MITO DE PROMETEO


Mentiras y verdades de la gestión aprista en educación

(Primera parte)

Escribe: Luis Pineda

FUE EL MÍTICO PROMETEO QUIEN INVENTÓ LA EDUCACIÓN. Como lo relata Abbanagno(1), Prometeo roba el fuego divino, pues de toda la creación el hombre era quien tenía menos habilidades. Con el fuego de los dioses y la inteligencia mecánica, el hombre lograr superar a otros animales más fuertes e inclusive acercarse al poder de los dioses. Pero es más, mediante la educación, estas habilidades no sólo se transmitían entre generaciones, sino que se recreaban como conocimiento nuevo, como ciencia y tecnología. Es por ello que el hombre instruido se convertía en una amenaza, y es impelido a buscar siempre liberarse de toda sujeción. Tal fue la afrenta de Prometeo, y la razón de su tremebundo castigo: Ser encadenado a una roca para que un ave rapaz devore sus entrañas en un suplicio eterno. Por algo se dice de Prometeo que es el verdadero redentor del género humano.

José Antonio Chang Escobedo es también hijo de Prometeo. Su hoja de vida lo presenta como hijo de Eugenio Chang Cruz, ex senador aprista y ex decano de la Facultad de Educación de la Universidad Federico Villarreal, otrora llamado “El Mago”, un hombre de confianza de Haya de la Torre y parece también lo fue del propio Alan García, a quien le dio clases especiales de chino mandarín en su juvenil performance política cuando en 1984, todavía diputado nacional, formó parte de una comitiva para viajar a Beijing. Algunos viejos apristas recuerdan que en los sesenta, cuando se produjo la escisión que dio lugar al APRA Rebelde, el chino Chang y otros “filósofos” de la enrevesada y ecléctica doctrina de Haya de la Torre, fueron la primera línea de debate contra los disidentes que reclamaban la defensa de los principios primigenios del aprismo, queriendo demostrar que el viejo compañero jefe no había claudicado haciendo pactos con Prado, representante de los remanentes oligárquicos en los 50, y luego con Odría, gran masacrador de apristas, y para ello echaron mano a ese brulote relativista del llamado espacio tiempo histórico que elucubró Haya, y que Chang junto a otros “intelectuales” del aprismo oficial quisieron defender. Al fracasar en su intento “disuasivo”, por supuesto, se puso en acción la segunda línea de polémica a través de la cachiporra y la manopla, conocidos argumentos del partido de Alfonso Ugarte.

Pero, acucioso lector, ¿de quién hablamos si acaso todavía no cayó en cuenta? Nada más ni nada menos que del actual Primer Ministro y Ministro de Educación, quien estudio en la popular Gran Unidad Escolar Melitón Carvajal, y luego en la Universidad Federico Villarreal donde egresó como Ingeniero Industrial. Posteriormente trabajó en la Universidad de San Martín de Porres, de la cual fue decano de su Facultad de Ingeniería de Sistemas y Computación hasta 1996 y de allí saltó al rectorado, iniciando una etapa de crecimiento vertiginoso de esta universidad, haciendo importantes inversiones para modernizar su infraestructura educativa, pero también silenciando con métodos nada educativos ni democráticos a las voces disonantes dentro de esta universidad. Posteriormente en el 2004 compró un equipo de fútbol que hasta ahora compite los campeonatos nacionales y, con algunas broncas y ciertas jugaditas en pared financieramente algo dudosas, hasta inauguró una moderna villa deportiva universitaria. Hasta allí nada excepcional, y es que Pepe Chang conoce los intríngulis del manejo del poder, tiene iniciativa y capacidad ejecutiva, al punto que fue premiado como un innovador. De allí que en el 2005, Alan García asume la dirección de la llamada Instituto de Gobierno de la USMP, desde donde se dan maestrías y doctorados a muchos de los actuales cuadros del sector público, y que usó como plataforma de ensayo de su retorno a la política nacional. Chang, sin embargo aparece para muchos con una imagen de empresario y tecnócrata duro y frío como el acero: Fue Gerente general de Informática del Banco de la Nación; Director de CORPAC, la Corporación Peruana de Aeropuertos y Aviación Comercial. También es socio de la librería Crisol y de Alpamayo Entertainment (¿recuerdan las producciones peruanas "Piratas del Callao" y "Dragones, destino de fuego"?), que comparte con Hernán Garrido Lecca (¿lo recuerdan?, acertaron, el ex gordito inventor y novel escritor de ficciones, que como Ministro de Salud ampayaba médicos descansando en su noche de guardia en medio de una huelga muy prolongada que el gobierno aprista buscaba quebrar con manidos argumentos). Tiene también un doctorado honoris causa por la Universidad de Huacho y por la Universidad Nacional Federico Villarreal que son posteriores a su grado de magister de la Universidad de Hartford (USA) la que fue denunciada como falsa y sometida a investigación en el Congreso en el 2003, pues habría asumido el rectorado sanmartiniano sin los requisitos exigidos por ley.

Sin embargo, con tales pergaminos, alguien como José Antonio Chang podría tener sobradas razones para ser elegido de lo que sea pero, justamente queremos dejar de lado su trayectoria personal para volcarnos a un análisis que permita diseccionar sus muchos años como Ministro de Educación, pues como dice la bíblica expresión “Por sus frutos los conoceréis”.

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“ESTRELLITA DONDE ESTAS, QUIERO VERTE CINTILAR” reza una canción infantil. El centro de nuestro análisis son las políticas educativas del gobierno aprista, siendo ineludible referirnos a algunos hechos controversiales de la gestión del Ministro Chang. Nos interesa analizar cuatro aspectos centrales y dos hechos emblemáticos de la postura oficial del APRA y del estilo de Chang en materia educativa: Uno, los logros reales e imaginarios de la modernización educativa; dos, los avances para cerrar las brechas de cobertura y garantizar la inclusión social y la igualdad de oportunidades educativas. Tres, los éxitos obtenidos a partir de sus políticas de calidad educativa, y en particular la evaluación y certificación de la calidad educativa y lo que puede exhibirse respecto a logros de aprendizaje; y cuatro, la vinculación entre democracia, desarrollo y educación y el Proyecto Educativo Nacional en la lectura de las políticas educativas del APRA en su segunda gestión. Los dos hechos emblemáticos están referidos a la concepción empresarial y competitiva del Ministro en educación, y dos, su sórdido enfrentamiento con el magisterio, particularmente respecto a la carrera pública magisterial y la evaluación docente.

Y sólo para empezar, sabido es que el Señor Ministro no sólo se distinguió en la eficiencia empresarial, sino que traslado códigos y métodos al sector público. Siendo una cartera pesada y difícil, que siempre hace de la educación un desafío. El Ministro Chang se ha preciado de ser un exitoso empresario, y por su experiencia como autoridad educativa en una universidad particular, un conocedor de la educación, Sin embargo, nos preguntamos: ¿Es acaso pertinente mirar la educación desde una perspectiva empresarial? En todo caso, ¿es esta la mejor opción para lograr una educación para el siglo XXI?, y en particular, si la función y contenido eminentemente social de la educación determinan su concepción, ¿Cómo equilibrar modernización y democratización dentro de un mismo proyecto educativo?. Volveremos en unos días con las respuestas a estas interrogantes.

(1) Nicolás Abbanagno. Historia de la pedagogía. México, FCE, 1992.

(2) San Mateo 7: 15, 20: 15Y guardaos de los falsos profetas, que vienen á vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces. 16Por sus frutos los conoceréis. ¿Cógense uvas de los espinos, ó higos de los abrojos? 17Así, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos. 18No puede el buen árbol llevar malos frutos, ni el árbol maleado llevar frutos buenos. 19Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego. 20Así que, por sus frutos los conoceréis.


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